Concepto de colorante.Texto.


El alimento que ostenta su color originario y natural da la primera sensación sobre su calidad, despierta la gana de comer, entra por los ojos, estimula las células del cerebro que dan aquella perentoria orden de poner las manos en la masa… Pero a veces demasiado color, como en el caso de los helados ‘artesanales’, delata la síntesis mágica y técnica de la elaboración, el milagro por el cual desde un tubo de erogación continua puede salir helado… y venderse a precios asombrosamente bajos, dejando a los viejos y sabios heladeros del barrio (desaparecidos casi todos en una vana resistencia) muy mal parados. 
Los colorante bien empleados y permitidos ayudan a que ciertos alimentos que por naturaleza propia se decoloran, o no se mantienen ‘vivos’ o de agradable aspecto. Son como la lindas mujeres, con un toque de color son más fascinantes. Y una señora en años, siempre será agradable con un pelo teñido. O usted, señor marido, ¿sabe el color de pelo de su esposa?
Por otra parte, muchas sustancias, colorantes naturales de los alimentos, son muy sensibles a los tratamientos utilizados en el procesado (calor, acidez, luz, conservantes, etc.), destruyéndose, por lo que deben substituirse por otras más estables. Otros alimentos, como los caramelos, o como los productos de alta tecnología aparecidos recientemente en el mercado como imitaciones de mariscos, no tienen ningún color propio, y para hacerlos más atractivos deben colorearse artificialmente, ¡caso de los bastoncitos de pescado con sabor a langosta! Te dan la sensación de ser un ricachón a la orilla de una playa caribeña. La práctica de colorear los alimentos tiene una larga tradición, ya que algunos productos naturales como el azafrán o la cochinilla eran ya conocidos por las civilizaciones antiguas.
Los colorantes pueden considerarse de origen natural o sintético. El colorante en esencia sólo debe tener valor estético sin que altere las propiedades nutritivas.